El decidir lanzarse sin paracaídas para explorar el mundo de posibilidades que se abre cuando nos adentramos en lo desconocido, descubriendo que cuando decides tirarte sin seguro, el riesgo es total. Porque o aprendes a volar, o caes y mueres. Cuando éstas son las opciones que te acompañan, aprendes a extender las alas a tiempo y fuera de tiempo, es justo ahí cuando te das cuenta de que el cielo es el límite, y que los sueños de un hombre deben ser tan altos como se pueda. Cuando el sentido común te diga que le apuestes a lo seguro, piénsatelo dos veces, porque puede ser que lo seguro, con el pasar del tiempo, se convierta en una cárcel. No vaya a ser que el riesgo de lo que implica lo inseguro, lo incierto, lo que “podría” pasar, tan solo si te atrevieras, sea tu boleto hacia una vida plena. Lo desconocido, los riesgos, el emprender algo nuevo sin saber lo que sucederá, o qué es lo que nos depara el camino, es lo que nos hace sentir vivos. ¿Lo seguro? Suele ser una cárcel en la que nunca se descubre lo grandioso que es vivir a plenitud. Lo peor que nos puede pasar en la vida, es no volar por el simple hecho de que decidimos cortarnos las alas, por voluntad propia.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario