Un buen día no siempre es aquel en el cual nos invade la risa y nuestro corazón salta de alegría. Un buen día es cuando en medio de las dificultades, das gracias por lo que tienes, miras hacia atrás y ves tu vida como si fuera una película en donde las escenas van pasando, mostrando las diferentes estaciones de tu vida y eso te lleva a entender que, lo antes vivido, te preparó para este momento en específico y que las desavenencias del camino, sirvieron para preparar y moldear tu carácter, ya que lo que se vive en el presente, a su vez, te prepara para algo mayor que ni siquiera imaginas.
Por esta razón, los mejores días, no son cuando cumples años, ni cuando hay fiestas. Los mejores días son cuando miras hacia atrás y sabes que hay cosas que no puedes explicar en tu vida y lo que las hace grandiosas es precisamente el no encontrarles explicación. La vida suele ser como un tren en donde vas pasando de estación a estación hasta llegar a tu destino, para así darte cuenta que era necesario pasar una por una hasta llegar al lugar que estaba esperando por ti. Puede ser que te hayas tardado más en unas que en otras, pero lo importante no es qué tanto tardes en llegar, si no de qué manera llegas. Lo mejor es arribar a tu destino, ligero pero firme, sabiendo que el camino recorrido te entrenó para un buen día como hoy.

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