Contra todos los pronósticos
La vida será lo que una vez soñaste siempre y cuando vayas en contra de lo que te dijeron que te sería imposible lograr. lucha siempre por lo que quieres, porque es mejor morir intentándolo a morir resignado
miércoles, 5 de julio de 2017
lunes, 2 de enero de 2017
Un Punto De Partida
Y, ¿qué tal si olvidan todo lo antes mencionado y empiezan a disfrutar el vivir por vivir, sin puntos fijos, siendo descaradamente felices con lo qué somos, tenemos y queremos ser sin tratar de complacer a nadie?
Disfruta tu humeante y deliciosa taza de café por las mañanas. Dale un sí al ahora, una sonrisa a la preocupación, un beso al futuro y muchas gracias al pasado sin empeñarnos en ser quién no somos. Disfrútate con tus aciertos y desaciertos, con tu cara de sueño en las mañanas; brindemos por hoy, que no volverá, por el incierto mañana y por cada minuto de vida.
Considera que cada cumpleaños es un año menos de vida y lo que parece sumar, en realidad es una resta. Perdónate esa vez que fuiste cobarde. Perdónate el no haberlo intentado o haberlo intentado sin éxito.
Puede que, algunos lo consideren descaro, pero yo particularmente, lo considero un punto de partida, y si te preguntan qué pasa contigo, contesta con una sonrisa y háblales del bello día que estás teniendo.
No te preocupes por lo qué piensan. No necesitas la aprobación de nadie. Si te has torturado con cuentas pendientes, quizás es tiempo de que pares y empieces a disfrutarte al máximo. ¡Inténtalo! Quizás, así encuentres tu rumbo.
Puede ser que, ese sea el camino para llegar a dónde siempre has querido y en tu afán de ser perfecto lo has complicado.
Si todos los días son iguales y piensas que estás estancado, quizás es porque te lo has tomado muy en serio. Es saludable reírse de uno mismo de vez en cuando, así como hay veces en las que es bueno disfrutar de un hermoso atardecer y dejarse llevar por la brisa del suave viento que sopla. El solo hecho de que el sol se oculte y salga cada día por sí es un milagro; el cuál luce sencillo porque es sencillo.
lunes, 31 de agosto de 2015
Tal y Como Soy
Con una mirada me dices tanto que no tienes que hablar. No hace falta que me expliques tus caras mal disimuladas, ni el porqué de tu silencio algunas veces; así como tampoco necesito que busques palabras para convencerme de lo que piensas de mí. Tu mirada me dice que no soy lo educada que te gustaría que fuera, también que te asusta la fuerza con la que actúo algunas veces; pero que no te resistes a lo espontánea y graciosa que soy sin proponermelo, que al final en vez de ser la dulce niña que esperabas, resulte ser una osa que le gruñe al que se atreva a tocarle a uno de los suyos.
Por eso, la próxima vez que me veas, quiero lo hagas directamente a los ojos, y así podrás ver que las veces que me han llamado mal educada es porque me canse de las injusticias y en vez de pensar lo que iba a decir, dije exactamente lo que pensaba, que la razón por la que te ríes de mis ocurrencias es porque hace mucho perdí el temor de mostrarme tal y como soy.
Cuando me veas luchando de tal modo que no me reconozcas, no te asustes, es que me han golpeado tan fuerte que preferí hacer limonada con lo que tenía a cruzarme de brazos y esperar que se me pasara la vida sintiendo pena de mí; pero si te permitieras conocerme mejor, te sorprendería lo delicada que puedo llegar a ser y que a pesar de mis errores, los que reconozco y los que niego tener es mucho lo que tengo para dar.
Cuando notas que callo en vez de discutir contigo, es porque también aprendí a identificar los momentos en los que el silencio habla por sí solo, Así que la próxima vez que estemos frente a frente, recuerda mirarme directamente a los ojos y te darás cuenta de que, aunque parezco una osa cuando lucho por los míos y por lo que considero justo, también soy una delicada flor, que a sabiendas de que el calendario le tiene fecha de caducidad, supo reconocer el momento justo para extender sus pétalos porque en su lenguaje nunca existió la palabra rendición.
viernes, 7 de agosto de 2015
martes, 4 de agosto de 2015
Perder Para Ganar
Hoy es un día triste. José de Arimatea acaba de bajar desde la cruz el cuerpo sin vida del Mesías. Las calles están vacías y la tierra gime; la noticia corrió como pólvora por Jerusalén. Es un acontecimiento inédito. El sitio predestinado para castigar y dar muerte a los malhechores llamado “Gólgota” Sirvió de escenario para que el hijo de Dios cumpliera con el propósito por el cual vino a este mundo: Dar su vida a cambio de lo que se había perdido.
Hoy, al volver al madero, recordé la primera vez en que me vio directamente a los ojos, esa vez cuando su mirada cambio mi vida Cualquiera en su lugar, me habría visto con odio porque las razones por las que lo clavaron en esa cruz son tan irónicas como lo escrito en el trozo de madera tirado en el piso a mi izquierda.
Quien diría que lo que empezó como un día cualquiera terminaría en un encuentro cara a cara con él. ¿Cómo explicar lo que sentí? solo puedo decir: Que su mirada penetra en lo más profundo del alma de aquellos que se atreven a alzar la vista hacia la cruz, les da un nuevo sentir y cambia las razones que tenían para vivir llevándolos a morir por ellas de ser necesario.
Porque todo el que quiera ganar su vida, la perderá; y el que la pierda por causa mía, la hallara. Mateo 16:25
Me arrodillé y recogí el trozo de madera. Tenía inscrito el nombre con el que su verdugo lo coronó “Príncipe de los judíos”. Me pregunto, cuál de los mensajes predicados por él, fue el qué los ofendió, pero tal vez estoy errada y más que un mensaje lo que los ofendería seria su estilo de vida, porque su forma de vivir siempre resulta ofensiva a todos los autoproclamados maestros o sabios; cuyas acciones dicen todo lo contrario a sus mensajes. El nunca se permitió vivir a medias y las convicciones que lo llevaron a vivir a plenitud son las mismas por las que dio su vida:
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
S. Juan 3:16
Esa fue la consignas por la que llevo su cruz sin queja alguna, a pesar de saber que, con solo decir unas cuantas palabras habría dejado a todos sus acusadores fuera de juego; pero le dio más valor a su misión que a su propia vida.
Para el maestro vivir carecía de sentido sino tenía algo porque morir.
Mientras sostengo este trozo de madera, mi mirada se pierde en el horizonte y no puedo evitar llorar, y temblar al saber los detalles de cómo lo acusaron injustamente, cómo lo torturaron y ofendieron... aunque pensándolo bien, yo también forme parte de ese circo que pidió su vida, al igual que ellos yo, hable mal de otros muchas veces, en más de una ocasión herí a otros a pesar de saber el daño que mis palabras causaban, y ¿qué de todas esas veces en donde mentí cobardemente y lo justifique diciendo que no perjudicaba a nadie... ¡Oh, yo no soy mejor de los que pidieron su muerte!, Soy tan culpable como lo son ellos; pero el sabía muy bien lo que hacía y para que no quedara duda alguna de las razones por las que entregaba su vida, con un esfuerzo sobrehumano, pronuncio las palabras por las que soy libre: “¡Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen!”. A quienes lo quieren seguir, los recibe con los brazos abiertos; les sacia su hambre de concejo y sed de paz, les da motivos para vivir y con tierna voz les dice: “Lo que te trajo hasta aquí fue tu corazón, por eso sigue lo que él te indica, si sigues tu corazón, te ira bien; el hacerlo te llevara a lugares que nunca imaginaste y a hacer tus sueños realidad, será más increíble de lo que soñaste, Podrás venir a mí en busca de consejo siempre que quieras y quedarte el tiempo que quieras también. Te ganaste ese derecho el mismo momento en el que rompiste las barreras mentales que te impedían creer; tu historia apenas acaba de empezar.
sábado, 27 de junio de 2015
Un problema, Una oportunidad
Las temporadas de cambio no siempre llegan solas; a veces hay que dar los pasos necesarios para provocar estos cambios. Cada vez que nos adentramos en algo nuevo llegan oportunidades que usualmente están disfrazadas de problemas, por esto es muy importante mantener los ojos abiertos para no dejarlas pasar. Recuerdo una de esas oportunidades en la cual pensé que, lo que estaba viviendo no era sino una pérdida de tiempo, sólo una mala racha que a la final no me serviría de nada. Corría el año 2005, un jueves de Abril por la mañana. Me aliste para salir de casa. Mi madre me dio su bendición, en mi mano llevaba una bolsa llena del producto que vendería ese día. Mi punto de partida era la terminal de Acarigua, una pequeña ciudad de portuguesa, uno de los estados agricultores de Venezuela en dónde nací y crecí. Llegué como de costumbre a las ocho de la mañana; lista para esperar el siguiente autobús que salía rumbo a Valencia. El llegar a esa terminal me recordaba que un nuevo día estaba por empezar y seguro tendría que enfrentar a otros vendedores, aparte de enfrentar mi miedo de hablar en público, lo cual era todo un desafío para mí, por lo tímida que siempre había sido; pero la escasez de empleo que había en mi ciudad, no me dejó otra opción.Al voltear a mi izquierda, veo a mi más fuerte contrincante, una vendedora que llevaba más de cuatro años trabajando en los autobuses, me miró de manera desafiante, era su forma de intimidarme y así mantenerme fuera de su camino. Todavía recuerdo el día en que la conocí y su saludo de bienvenida fue: "¡Espero no te interpongas en mi camino si quieres permanecer con el rostro intacto!" Ella era la líder de un grupo de cinco chicas que llevaban cuatro años vendiendo en esa zona, cobardemente baje la mirada. Sabía que hablaba enserio porque uno de los vendedores de café apodado por los demás como “Mente”, un hombre no muy alto, delgado, y piel morena, quien siempre usaba lentes oscuros, me había hablado de ellas y también me dio un breve resumen de lo que vería en este pueblo sin ley llamado peaje, cosa por la que le estuve muy agradecida; pero con el pasar del tiempo, entendí que Mente era un apodo bien ganado para alguien que se la llevaba bien con todos, pero que no era amigo de nadie. Mente era simplemente alguien que siempre sabía cómo inclinar la balanza a su favor esto hacía que saliera bien librado de cualquier problema; aparte de ser alguien capaz de hacer un reporte sin omitir un sólo detalle de las historias que abundaban en ese sitio donde las autoridades se hacían de la vista gorda de lo que pasaba a su alrededor y en donde la ley del más fuerte era la que se imponía. Me aconsejó que no intentara dármelas de heroína y me alejara de esas chicas todo lo que pudiera. Seguí su consejo y decidí hacer todo lo posible por pasar desapercibida. “¡Eh muchacha, el autobús está por salir!” Me dice el colector del autobús por el que estaba esperando. En Venezuela se acostumbra que aparte del chófer, haya otra persona para colectar el pasaje quien se asegura de facilitarle el trabajo al chófer de manera que este centre su atención en manejar.
Subí al autobús y este empezó a andar, mi corazón latía a mil por hora porque sabía que, en aproximadamente 10 minutos, me tocaría hablar ante 45 personas de manera recia para que todos me escucharan, segura para convencer a todos que este producto les sería útil, pero al mismo tiempo, graciosa para ganarme su afecto y así crear un ambiente de confiabilidad y, aunque supieran que lo podían comprar en cualquier parte, sintieran la necesidad de comprarlo conmigo. El producto a ofrecer ese día: ¡Cepillos de dientes! Sé que están pensando, ¿y qué se puede decir acerca de un cepillo dental? Se sorprenderían de las excusas que encuentran los vendedores para promocionar cualquier cosa que tengan en la mano. En una de esas veces que esperaba la salida del autobús en la terminal, un anciano que estaba sentado en unos de los bancos me preguntó: ¿y tú que vendes? A lo cual respondí, con cierto aire de tristeza en la mirada y sin ningún tipo de entusiasmo: “¡Cepillos de dientes, Señor!” El anciano se paró del banco mientras se apoyaba en su bastón y me dijo mirándome fijamente a los ojos: "¡Te falta mucho por aprender, muchacha, porque esto no se trata de lo que vendes, se trata de ti! ¡No lo olvides! ¿Se trata de mí? Si fuera por mí, no estaría aquí pensé, si tan sólo tuviera una mejor opción… si tan sólo… Sentí que la vida me daba una bofetada haciéndome despertar de mí sueño. ¡Oh, esa niña de 10 años que soñaba con viajar y conocer otros continentes! Ella no se merecía esto, le había fallado.
Pasados los minutos el colector me mira con un gesto de ¡Ya es la hora! Los nervios siempre son los mismos en el primer autobús y en el transcurso del día al bajar y subir de los autobuses se van disipando; para mí era como romper el hielo porque de cierto modo, ese primer autobús me condicionaba para el resto del día. Una de las cosas que aprendí en este trabajo es que cuando le tienes miedo a algo lo mejor es hacerlo sin pensarlo mucho. Usualmente, me paraba en el pasillo, entre los dos primeros asientos, manteniendo el equilibrio mientras el autobús continuaba su rumbo, llenaba mis pulmones con una bocanada de aire y así empezaba mi día: “¡Buenos días, señoras y señores! El producto del que le voy a hacer entrega no pica, ni muerde; así que, puede agarrarlo sin ningún compromiso.” Camino hasta el final del autobús repartiendo los cepillos a todos los presentes, luego vuelvo a pararme entre los dos primeros asientos y doy la charla final: “El cepillo que le acabo de entregar tiene mango anti resbalante, limpiador de lengua y celdas suaves, lo que evita que se le rompan las encías, y si me compran dos, les regalo uno, y no puedo hacer más nada por ustedes señores” Por lo general, procuraba finalizar con algo gracioso a lo que la gente respondía con risas y al mismo tiempo me hacía ver espontanea. Al llegar al primer peaje, la bolsa estaba un poco más liviana; pero igual, faltaban más autobuses por tomar hasta vaciarla por completo. Para ese entonces, los peajes eran los sitios donde todos los chóferes de carros o autobuses paraban por un breve momento a pagar un impuesto exigido por el estado.
Al llegar, tal como lo esperaba, esas chicas estaban allí siempre con la misma mirada amenazante, estaban acostumbradas a pelear y para ellas, yo por ser nueva, estoy invadiendo su territorio. En el peaje todos las respetan y nadie se atreve a meterse con ellas; se han hecho una imagen de chicas duras y se han impuesto a cuanto vendedor se les ha atravesado en el camino. Siempre que las veía recordaba el consejo de Mente así que no me buscaba problemas. Esperaba un poco más para tomar los autobuses que quedaran rezagados por ellas; normalmente eran los que llevaban poca gente, y así entre rezagado y rezagado hacía mi día. Ahora que lo pienso mejor, me doy cuenta de que no era fácil verlas sonriendo. Estoy segura que detrás esas miradas desafiantes, cada una de ellas tenían una historia triste que contar. Cuando salí esa mañana de casa, el cielo estaba nublado. Una tormenta se acercaba y eso hacía más complicado todo porque encontrar un sitio donde refugiarse de la lluvia no era fácil. Y a pesar de que el peaje estaba techado, a los vendedores no se nos permitía esperar los autobuses allí. Así que por lo general, solíamos refugiarnos del sol debajo de un árbol frondoso ubicado en frente del peaje y cuando veíamos un autobús a lo lejos, corríamos hasta alcanzarlo en la breve parada que hacían para pagar en el peaje. La fuerte tormenta no se hizo esperar. Debajo del árbol sólo estábamos tres vendedores: Mente vendiendo café, un chico vendiendo dulces de cocos y yo con mi bolsa de cepillos. Cada uno corrió a refugiarse a dónde pudo. Le hice un nudo a mi bolsa y corrí hasta un viejo kiosco abandonado que se encontraba a unos cuantos metros del peaje, al cual sólo le quedaba el techo. Llegué un tanto empapada y coloque mi bolsa en el piso. Mientras esperaba que la lluvia pasara, un pensamiento se apodero de mí y me repetía constantemente: “¡Esto es pasajero; sólo resiste un poco más!” “Al igual que esta tormenta, esto también pasara, porque en el libro de tu vida aún faltan muchas páginas por escribir...”
Esa voz interna tenía razón. Aproximadamente, seis meses después había ahorrado algo de dinero y con la ayuda de mi madre, terminaría de completar lo necesario para mudarme de estado a hacer un curso de tripulante de cabina. Al pasar de unos años, viajaría a Europa, aprendería inglés y un día al buscar empleo, me darían la oportunidad de formar parte del grupo de vendedores de una empresa turística. Pensar que me queje tanto cuando pasaba por todo aquello; nunca imagine que esa experiencia sería vital para desempeñarme de manera satisfactoria en lo que hago. Y aunque en el libro de mi vida aún faltan muchas páginas por escribir he decido apreciar la enseñanza de este momento el cual a su vez me está preparando para algo más grande que yo. Por eso, nunca menosprecies ninguna situación por la que pases porque probablemente, es un entrenamiento previo para lo que te espera. Después de diez años fue que pude entender las palabras de aquel anciano: "No se trata de lo que vendes, se trata de ti". Nunca se trató de los cepillos de dientes. Siempre se trató del aprendizaje que ese momento me estaba dando y de mi actitud pese a las circunstancias. Por eso te digo que no se trata:
del divorcio
de la soledad
de la separación
de la crisis financiera
de la edad
de las decepciones
de quien te falló
de la enfermedad
de la viudez
O cualquiera sea las circunstancias por las que estés pasando, esto se trata y siempre se tratará de ti.
martes, 5 de mayo de 2015
Un Noble Oficio
Tu que te despiertas sabiendo que tu día empezará remendando redes para luego zarpar y lanzarlas al mar; me sorprende ver que a pesar de que nunca tienes garantías de si tus redes se llenarán, eso no frena tus ganas de intentarlo una vez mas, tu eres de los que, aunque vengan grandes tempestades no se rinden; aprendiste tu oficio desde muy joven y los malos tiempos te enseñaron que la paciencia mas que un don, es una acción que con el pasar del tiempo se convierte en virtud. A los que te preguntan cuando termina tu labor? respondes que nunca, que siempre hay redes por remendar y mar por explorar. Para ti pescar es la mayor recompensa que recibes por un trabajo bien hecho, haz aprendido a mantener la calma en los peores momentos y esto ha hecho que reconozcas el momento indicado para lanzar tu red. Pescador, mientras te observo desde mi balcón reflexiono sobre lo mucho que tengo que aprender de ti. Tu noble oficio me hace valorar el arte de dibujar con palabras lo que por gracia el cielo me regaló.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



