miércoles, 21 de enero de 2015

vivir por un sueño


Sentada en la arena a orillas del mar, sollozando un poco, viendo el ir y venir de las olas, a lo lejos se podían ver las nubes opacando al sol, haciéndole recordar que el verano estaba lejos y que el mostrarse brillando en todo su esplendor se le era permitido solo de vez en cuando. Cerré los ojos y me dejé llevar por el sonido de las olas rompiendo en el mar, podía sentir la fría brisa del invierno en mi cara, que a su vez, hacia flotar mi cabello, por mi mente pasaba un torbellino de pensamientos y entre todos había una pregunta recurrente, me preguntaba: ¿a dónde iban a parar los sueños?, ¿qué pasó con toda esa gente que soñó con comerse el mundo?, ¿qué pasó con los grandes inventos que por una u otra razón fueron a parar al cementerio de los sueños?.

El cementerio de los sueños es un lugar tan rico y tan pobre al mismo tiempo; ahí vi pinturas a medio terminar, libros que nunca encontraron un final, entre otros muchos inventos que de haber sido plasmados por sus autores, harían de este mundo un lugar mejor para vivir. Decidí caminar por él y entre los escombros vi rastros de lo que pudo haber sido y no fue, ahí escrito en un papel sobresaliendo entre los escombros, estaba la cura para el cáncer, la cual tenía grandes dosis de una vitamina comúnmente usada por las personas, seguí caminando y no muy lejos de ahí vi una máquina en forma de tubo, era transparente y dejaba ver el enjambre de cables que había dentro de ella, a través de estos enjambres se procesaba todo el dióxido de carbono que se encontraba en el combustible de los carros los cuales son expedidos continuamente por el tubo de escape al medio ambiente cambiando así, la composición del oxígeno y su función consistía en transformar todo este dióxido de carbono en un aire no contaminante. Seguí caminando, asombrándome por todo lo que descubría a mi paso y a unos cuantos metros de esta máquina vi una especie de rollo que sobresalía entre los escombros, parecía una especie de manual, estaba intacto, se conservaba en muy buen estado a pesar de que era notorio que llevaba mucho tiempo ahí, sin haber sido abierto, el polvo que tenía encima hacía notar el abandono del mismo, no me resistí, me intrigaba su apariencia, la forma en la que se veía intacto y al solo verlo me llené de curiosidad, tenía que ver qué se encontraba en esta especie de manuscrito así que lo tomé, era un poco más pesado de lo que yo me había imaginado. Lo abrí para leerlo y entre más y más leía, más y más me inspiraba, para mí era una invitación abierta a creer en lo imposible, rápido me di cuenta de que era el guion de una película, al parecer, el autor tenía una gran imaginación y un talento único, las ideas que ahí había eran para revolucionar el mundo, pero una vez más, había sido olvidado y dejado de lado. Me quedé ahí parada en frente de tan magistral obra y observándola detenidamente me dije: las personas que habitan el mundo no tienen idea de lo que este guion haría en sus vidas tan solo con leerlo. Abrí los ojos y vi los pocos destellos de sol que las nubes dejaban pasar, el sol se ocultaba cada vez más y la noche estaba por caer. La brisa cada vez era más fría, comencé a pensar en lo mucho que extrañaba el verano, son tantas las cosas que damos por sentando cuando las tenemos, que solo le damos valor cuando ya no están... También pensaba en el cementerio de los sueños y en que olvidé leer el nombre del autor de aquel fabuloso guion; el caer de la tarde hizo que la nostalgia me invadiera pero deseché este sentimiento apenas logré divisarlo; me pregunté: ¿qué sería de la vida de las personas que habían soñado todas esas cosas?, también me pregunte qué habría pasado con ellos si en vez de rendirse se hubieran atrevido a husmear un poco en su futuro, qué habría pasado con ellos si tan solo hubieran visto el impacto que tenía en la humanidad sus ingeniosos inventos, qué les habría pasado si en vez de sepultar sus sueños se fueran atrevido a navegar por ellos. Así que cerré los ojos nuevamente y el romper estrepitoso de las olas se hizo escuchar una vez más, la brisa a pesar de ser cada vez más fría no pasmó mis ganas de soñar despierta; de pronto me vi caminando por una calle un tanto solitaria, solo se veía una que otra persona caminando por ella, alzando la vista a lo lejos, se lograba ver en el tope de una de las torres, un reloj que se veía pequeño desde donde yo estaba pero pensé que si estando tan lejos lograba verlo, era porque era mucho más grande de lo que yo creía así que decidí llegar a él y así contemplarlo más de cerca, empecé a caminar en dirección a aquella torre hasta que en el camino una de las pocas personas que se veía caminando llamó mi atención, caminaba en sentido opuesto al mío y aunque no estaba muy cerca y caminaba despacio su andar era diferente a la de los demás, era un andar que denotaba aplomo, elegancia, caminaba con la seguridad con la que solo caminan los que han librado grandes batallas y que han aprendido que los errores son meros desvíos hacia el camino al éxito. Esto llamó poderosamente mi atención, tenía un gesto de confianza en la mirada y un aire triunfador que pocas veces había visto en otra persona. Ella fijó sus ojos en mí, en ese momento, no hicieron falta las palabras, así que solo sonreí, su semblante lo decía todo y su confianza me aseguraba que todo estaría bien y su disimulada sonrisa me invitaba a resistir un poco más... Pasó a mi lado dándome una palmada en el hombro y siguió caminando; me quedé a mitad de la calle, parada, viéndola irse hasta que le perdí el rastro. Abrí los ojos y ya era de noche, mis manos estaban heladas pero un sentimiento de determinación me invadió, sabía que aunque apenas empezaba la noche, el amanecer estaba muy cerca y que estas mismas olas que hoy rompían estrepitosas y embravecidas, por la mañana estarían calmadas con un sol resplandeciente sobre ellas, invitándome a vivir por un sueño, a vivir con pasión, porque soñar y vivir con pasión son la mejor forma de gastarse la vida.

domingo, 11 de enero de 2015

El poder de las palabras

Lo que decimos tiene mucho poder y un alcance que ni nosotros lo podemos imaginar, lo que decimos se convierte en acciones y al mismo tiempo causa un efecto en la personas que nos escuchan. En el año 1990 científicos rusos descubrieron que las palabras pueden modificar nuestro ADN, el 10 por ciento de nuestro ADN sirve para crear proteínas y el otro noventa por ciento es chatarra, al menos eso era lo que se pensaba, hasta que en el año 1990 después de largas investigaciones, descubrieron que el otro noventa por ciento estaba encargado de recopilar y guardar información. Según la investigación, nuestro ADN funciona como la internet, es una gran red que se va conectado átomo por átomo que recopila información cambiándose así mismo sin modificar nuestros genes. Y, ¿qué es el ADN? en palabras sencillas, es el centro de la vida, el que se encarga de registrar lo que fueron nuestros antepasados para darnos la forma que ahora tenemos. Pero no es una clase de biología lo que quiero transmitirles hoy, solo déjenme avanzar, de lo que quiero hablarles es de la importancia que tiene lo que decimos, ya que por mas increíble que parezca, le da forma incluso a nuestros rasgos. Nuestra mente y cuerpo es como un recipiente y nosotros somos los encargados de llenarlo, en nuestras manos está el llenarlo de cosas buenas o de cosas malas cuando nos insultamos a nosotros mismos por no entender algo o no hacerlo de la manera esperada agregamos un poco de sustancia, cuando nos decimos que no podemos realizar algo, así lo deseemos pero al mirar la realidad que nos rodea, decidimos creer mas en el entorno que en nuestra capacidad para lograrlo, le echamos otro poco de sustancia y lo seguimos llenando, cuando hablamos mal de otras personas, cuando le decimos cosas negativas a alguien solo para herirlo, causamos un efecto dominó y le hacemos daño a la persona, y en el círculo llamado vida esto se nos devuelve. También podemos agregarle otros condimentos como palabras obscenas y cuando queramos ser educados nos va a costar mucho porque nuestra mente estará llena de cosas podridas y apestará tanto que los que están alrededor nuestro podrán sentir el hedor, así logramos llenar nuestro recipiente y eso es lo que destilaremos, lo que decimos se queda grabado en nuestra mente al igual que un casete. ¿Recuerdan esos casetes de los años ochenta y noventa que para cambiar el contenido había que borrar la información y luego volver a grabar?, del mismo modo funciona nuestra mente, y puede que nos lleve mucho mas tiempo el regrabarlo, ya que todos sabemos que es mas fácil empezar algo nuevo a arreglar lo que se ha hecho mal. El llenarnos de cosas positivas y de buenas palabras nos va a dar la particularidad de que cuando hablemos, los demás puedan percibir de manera clara de que estamos hechos. El cuidar lo que decimos y hacer un pequeño esfuerzo día tras día por mejorar nuestra actitud hará que se refleje en nuestro ser y cambiará la forma en la que nos ve nuestro entorno, entonces empezaremos a ver posibilidades en lo que antes se nos hacía imposible, abundancia en donde antes solo se veía escasez, puertas abiertas en lugares donde hasta hacía poco solo veíamos puertas cerradas, porque nuestros sentido de percepción se agudizará y empezará a notar lo que pasaba ante nuestros ojos. No veíamos por estar distraídos, al levantarnos el sol se verá mas resplandeciente que nunca y viviremos la vida, no dependiendo de las circunstancias, sino marcando el rumbo que debemos seguir. Y todo dependerá de lo que decidamos creer, pensar y hablar.