Vida que te escurres, que te vas. Que pasas tan inadvertida, de una manera casi imperceptible comienzas siendo inocente, con sueños, esperanzas e ilusiones... Luego te conviertes en deseos y de a poco eres una realidad. Me pregunto, ¿cuándo cambiaste tanto? ¿Cuándo la ilusión pasó a ser un deseo y aquellos momentos en los que sentía tocar el cielo, pasaron a ser sólo un recuerdo?. Tú sólo pasas, eres como un suspiro que podría compararse con un abrir y cerrar de ojos. Cerramos los ojos y eres risas, sueños e ilusiones y al abrirlos te conviertes en realidades, con verdades dichas a medias, ¡pasaste tan rápido!... Tanto, que me perdí lo mejor de ti. Podría compararte con las estrellas fugaces que sólo pasan por un instante y después se desvanecen dejando de existir. En eso te me has convertido. ¡Oh, qué no diera por regresar el tiempo y reír más!, contemplar puestas de sol y disfrutar de esos pequeños detalles hermosos que me ofrecías, ¡qué no diera por decir todo aquello que callé por miedo!. Hay cosas que podemos ensayar hasta que salen perfectas; pero tú, tú no permites ensayos... Porque o vivimos y disfrutamos lo que tenemos, o nos pasas y nos quedamos atrás. Ya no puedo retroceder, esa niña risueña para la que los imposibles no existían; seguirá estando en mi interior, recordándome lo que resta por vivir. Sólo me queda disfrutar lo que me das hoy y vivirlo al máximo como si fuera el último día y así no quedarme pensando en lo que pudo haber sido y no fue.
La vida será lo que una vez soñaste siempre y cuando vayas en contra de lo que te dijeron que te sería imposible lograr. lucha siempre por lo que quieres, porque es mejor morir intentándolo a morir resignado
domingo, 7 de diciembre de 2014
Máscaras
Las apariencias nos engañan y, por lo general, nos cuentan solo una parte de la historia, o lo que es peor, nos pueden contar una gran mentira, que en ocasiones decidimos comprar. Detrás de las risas y palabras amables, suele esconderse una parte desconocida que no solemos mostrar, porque pensamos que el mostrarnos tal cual como somos nos dejaría vulnerables, lo que podría interpretarse como un signo de debilidad, cuando la verdad es que aquello que consideramos que es una debilidad, es nuestra mayor fortaleza y por no mostrarnos tal cual como somos, corremos el riesgo de no saber nunca los efectos que habría causado en nuestro entorno si lo hubiésemos hecho.
A menudo, aquello que juzgamos con dureza y desaprobamos porque nos parece de baja categoría, esconde mil y un cosas de las que nos podemos perder por no agudizar nuestros sentidos; lo cierto es que detrás de lo que se ve a simple vista, hay un mundo esperando por ser descubierto con nuevas cosas por experimentar.
Ojalá y existieran unos anteojos especiales que nos permitieran ver perfectamente a través de los demás, que nos mostraran sus verdaderas intenciones, esas que se ocultan detrás de las palabras y risas dejando así al descubierto el verdadero ser que hay en el interior de aquellos que nos rodean. Si somos honestos con nosotros mismos, nos daríamos cuenta de que es mucho fácil de nuestra parte, el querer tener esta habilidad, sin primero pasar por el proceso de auto examinación a nuestro ser. En realidad es más sencillo de lo que parece, solo se trata de despojarnos de todas nuestras mascaras mostrándonos tal cual y como somos, siendo brutalmente honestos con nosotros mismos, para que podamos ver más allá de las apariencias. Sin embargo, llegar a esto es imposible sin desnudar nuestro ser y pelear nuestras luchas internas, en otras palabras, el trabajo empieza por casa y es muy iluso y cobarde de nuestra parte, el querer ver más de los demás, sin primero haber explorado nuestro yo interno.
viernes, 5 de diciembre de 2014
Mudando Piel
Empecé siendo
un diminuto capullo, consumí todo lo que sabía que me haría crecer, cuando
logré salir, mi apariencia pasaba desapercibida, los que me veían, solo podían optar
entre ignorarme o matarme. A pesar de haber consumido todo lo que necesitaba
para ser fuerte y hermosa. ¡era tan indefensa!... pero el tiempo se
encargó de mudar mi piel. Fue un proceso doloroso, por un momento sentí que
estaba muriendo, hasta que entendí que de eso se trataba, morir era necesario
si quería volver a nacer y fue justo en ese momento en el que el cambio más
doloroso ocurrió, solté el tan ajustado caparazón que me impedía mostrarme en
mi estado original, y con una fuerza que nunca creí tener, hice que mis alas se
extendieran y tuvieran fuerzas para volar, me mostré en todo mi esplendor,
tanto, que nadie pudo reconocerme. Cuando avancé, miré todo lo que había dejado
atrás y me sentí feliz porque sabía que un nuevo ciclo esperaba por mi.
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