Tomás era un niño de 10 años con grandes sueños, su mayor sueño era llegar a ser un jugador profesional de fútbol. Un día la maestra decidió hacer un ejercicio diferente, este ejercicio consistía en que cada niño tenía que pasar al frente y decir lo que quería ser de grande. Unos decían que querían ser bomberos, policías, otros, médicos, etc.; y por supuesto ahí estaba Tomás que esperaba ansioso su turno, él era el último según el orden de la lista de asistencia, cuando había llegado el momento de hablar, con mucho entusiasmo, dijo que un día se convertiría en un jugador profesional de fútbol y que jugaría para el real Madrid. Todos los demás niños se burlaron de él y le preguntaban que por qué no quería ser bombero o policía como ellos. Uno de ellos dijo que para eso no hacía falta estudiar, porque nadie se graduaba de jugador profesional de fútbol. La maestra, al ver que la situación se salió de control, hizo un alto a la actividad. Ese día Tomás regresó a casa muy triste y dudando de si realmente era buena la idea de ser un jugador de fútbol y estuvo pensando que quizás se equivocó y que quizás no era tan bueno como él creía. Qué tal si eso era solo un sueño que nunca llegaría a convertirse en realidad. Y lo peor de todo pensó, ¿qué tal si sus compañeros de escuela tenían razón y él estaba siendo muy ambicioso en las cosas que quería?. Entristecido y con una gran carga de pensamientos encima, se sentó en la grama del jardín de su casa pensando que tal vez no era tan malo adoptar el sueño de otros que, al parecer, por lo que decían, eran mucho más realistas que el de él. Su vecino era un hombre de avanzada edad que siempre lo veía jugando en el jardín con su pelota de fútbol. Ese día notó que algo pasaba, y que su semblante no era el mismo, que ni siquiera tocaba la pelota y alzando la voz desde el jardín del frente le preguntó: amiguito, ¿que no piensas jugar hoy?. Tomás se acercó y con mucha tristeza le dijo que quizás deba empezar a pensar en ser otra cosa de grande, después de todo, nadie se gradúa de jugador profesional de fútbol. El viejo que era sabio le preguntó: ¿Por qué dices eso? y Tomás le contó lo que había pasado en el salón de clases esa mañana. El viejo sabio con un tono amigable, le hizo otra pregunta: y, ¿por eso estas tan triste?, ¿tanto daño te hicieron las opiniones de los demás? Siéntate a mi lado, tenemos que hablar. El niño se sentó y empezó a escuchar atentamente lo que este hombre tenía para decirle. El viejo sabio le dijo: no gastes energías en cosas que no vienen al caso y que no te van a ayudar a llegar hasta donde quieras, cuando quitas tu mirada de tu sueño, aunque sea por un momento, lo único que logras es distraerte y al distraerte pierdes el enfoque, que es en donde deberías mantener toda tu atención. Así que no pierdas tiempo distrayéndote, porque la vida pasa más rápido de lo que piensas, por eso no la desperdicies, no vale la pena malgastar el tiempo pensando en lo que no tienes. Importante es que trabajes con lo que tienes y eso te permitirá alcanzar lo que sueñas.
Siempre da más de lo esperado, en el camino tendrás la opción de dar solo lo que corresponde o un poco más, ese poco más que des hará la diferencia y, por consecuencia, el resultado de lo que emprendas será muy diferente a que si hubieras dado solo lo que correspondía. Para llegar a donde quieras, tendrás que dar lo mejor de ti, aceptando el riesgo que eso implique. No es bueno evadir las responsabilidades ni dejar pasar las señales que te van advirtiendo qué es lo que tienes que arreglar y que, a su vez, te van dirigiendo en el camino. Es tu decisión conquistar la cima de la montaña para después llegar a puerto seguro, o vagar sin rumbo y sin encontrar un sitio en donde pernoctar. así que vive tu propio sueño, no el de alguien más, lo que importa no es lo que los demás piensan que eres, lo que importa es lo que tú sabes que eres.





