jueves, 27 de noviembre de 2014

Lo que los otros no saben de ti

  Tomás era un niño de 10 años con grandes sueños, su mayor sueño era llegar a ser un jugador profesional de fútbol. Un día la maestra decidió hacer un ejercicio diferente, este ejercicio consistía en que cada niño tenía que pasar al frente y decir lo que quería ser de grande. Unos decían que querían ser bomberos, policías, otros, médicos, etc.; y por supuesto ahí estaba Tomás que esperaba ansioso su turno, él era el último según el orden de la lista de asistencia, cuando había llegado el momento de hablar, con mucho entusiasmo, dijo que un día se convertiría en un jugador profesional de fútbol y que jugaría para el real Madrid. Todos los demás niños se burlaron de él y le preguntaban que por qué no quería ser bombero o policía como ellos. Uno de ellos dijo que para eso no hacía falta estudiar, porque nadie se graduaba de jugador profesional de fútbol. La maestra, al ver que la situación se salió de control, hizo un alto a la actividad. Ese día Tomás regresó a casa muy triste y dudando de si realmente era buena la idea de ser un jugador de fútbol y estuvo pensando que quizás se equivocó y que quizás no era tan bueno como él creía. Qué tal si eso era solo un sueño que nunca llegaría a convertirse en realidad. Y lo peor de todo pensó, ¿qué tal si sus compañeros de escuela tenían razón y él estaba siendo muy ambicioso en las cosas que quería?. Entristecido y con una gran carga de pensamientos encima, se sentó en la grama del jardín de su casa pensando que tal vez no era tan malo adoptar el sueño de otros que, al parecer, por lo que decían, eran mucho más realistas que el de él. Su vecino era un hombre de avanzada edad que siempre lo veía jugando en el jardín con su pelota de fútbol. Ese día notó que algo pasaba, y que su semblante no era el mismo, que ni siquiera tocaba la pelota y alzando la voz desde el jardín del frente le preguntó: amiguito, ¿que no piensas jugar hoy?. Tomás se acercó y con mucha tristeza le dijo que quizás deba empezar a pensar en ser otra cosa de grande, después de todo, nadie se gradúa de jugador profesional de fútbol. El viejo que era sabio le preguntó: ¿Por qué dices eso? y Tomás le contó lo que había pasado en el salón de clases esa mañana. El viejo sabio con un tono amigable, le hizo otra pregunta: y, ¿por eso estas tan triste?, ¿tanto daño te hicieron las opiniones de los demás? Siéntate a mi lado, tenemos que hablar. El niño se sentó y empezó a escuchar atentamente lo que este hombre tenía para decirle. El viejo sabio le dijo: no gastes energías en cosas que no vienen al caso y que no te van a ayudar a llegar hasta donde quieras, cuando quitas tu mirada de tu sueño, aunque sea por un momento, lo único que logras es distraerte y al distraerte pierdes el enfoque, que es en donde deberías mantener toda tu atención. Así que no pierdas tiempo distrayéndote, porque la vida pasa más rápido de lo que piensas, por eso no la desperdicies, no vale la pena malgastar el tiempo pensando en lo que no tienes. Importante es que trabajes con lo que tienes y eso te permitirá alcanzar lo que sueñas.

  Siempre da más de lo esperado, en el camino tendrás la opción de dar solo lo que corresponde o un poco más, ese poco más que des hará la diferencia y, por consecuencia, el resultado de lo que emprendas será muy diferente a que si hubieras dado solo lo que correspondía. Para llegar a donde quieras, tendrás que dar lo mejor de ti, aceptando el riesgo que eso implique. No es bueno evadir las responsabilidades ni dejar pasar las señales que te van advirtiendo qué es lo que tienes que arreglar y que, a su vez, te van dirigiendo en el camino. Es tu decisión conquistar la cima de la montaña para después llegar a puerto seguro, o vagar sin rumbo y sin encontrar un sitio en donde pernoctar. así que vive tu propio sueño, no el de alguien más, lo que importa no es lo que los demás piensan que eres, lo que importa es lo que tú sabes que eres.

martes, 18 de noviembre de 2014

El el espíritu de los indomables


  Me dijiste que no podría, te demostraré que sí. Cuando me eches por la puerta, entraré por la ventana. Me dijiste que mi origen era lo que me hacía imperfecto, te demostraré que gracias a mi origen soy especial. Me dijiste que mi educación era escasa, te demostraré que lo que tú llamas escaso me ha dado las herramientas para pararme frente a ti. Creíste que me doblegabas cuando ponías pesadas cargas sobre mis hombros, te equivocaste, fue precisamente eso lo que me hizo más fuerte. No es odio lo que me tienes, es miedo. se que, en tu interior, piensas que si me das algo de cabida, te será imposible detenerme. Lo que no sabes es que, pase lo que pase, no podrás hacer que me detenga y que no necesito de tu permiso para dejar mis huellas en ti. La experiencia me ha enseñado en más de una ocasión, que las estructuras más perfectamente diseñadas siempre tienen un desperfecto, algo así como un cabo suelto que, por falta de tiempo y a última hora, quedó sin resolver, una pequeña abertura donde solo los más audaces han podido entrar, cuando la encuentre, me meteré en ti y antes de que te des cuenta, me pararé frente a ti con la dignidad que creíste haberme robado. Para cuando notes mi presencia, será demasiado tarde y no tendrás más remedio que aceptarme, porque no soportarás la molestia de la espina clavada en tu talón. Sé que lo que más te ofende de mí, es que cuando me ves a los ojos, en vez de ver un espíritu quebrado, ves a uno libre.
    Podrás doblegar el espíritu de los que nunca se atrevieron a volar por miedo a caer, pero no podrás doblegar el indomable espíritu de los que aman volar en libertad.

sábado, 15 de noviembre de 2014

Sonreír y andar



En lo poco que he andado, aprendí que, aunque no sé qué sucederá mañana, ir a paso firme es lo que me permitirá llegar sólido a mi destino. Aprendí que cuando solté el pesado equipaje que llevaba y viajé liviano, empecé a ver los detalles hermosos de la vida, como lo son: un hermoso amanecer y los bellos colores de los atardeceres a la orilla de la playa que quitan el aliento, y aunque no sé qué me depara el futuro, he decidido vivir el hoy como un gran regalo que Dios me ha dado. No está mal recordar de vez en cuando que hoy es el futuro de ayer, cuando aprendí a soltar y a dar, fue cuando más gane. También aprendí que no hace falta tener mucho dinero para ser feliz, y que cuando lo único que tienes es el hoy, definitivamente aprendes a vivir con lo que tienes. En mi andar he visto la transparente y cálida sonrisa de un niño vendiendo flores y la sonrisas inefables de otros meciéndose en un columpio, eso me enseñó que el ser considerado rico por tener mucho dinero, no te hace rico y el ser considerado pobre por tener poco dinero, tampoco te hace pobre y que la razón por la que usamos estas palabras para definir a uno y a otro, es porque las sacamos de contextos precisamente porque no sabemos el verdadero significado de cada una, ya que la verdadera riqueza es tener un espíritu noble que da sin esperar recibir nada a cambio. La pobreza la llevan en el alma aquellos que sólo piensan en sí mismos, que no son capaces de dar gracias por el preciado regalo que es la vida, y que nosotros somos los que decidimos que tan ricos o pobres podemos ser. He visto a personas que con mucho, hacen muy poco, y otras que con poco, hacen mucho.

De mi madre aprendí que al mal tiempo siempre hay que ponerle buena cara, y que hay que recibir cada día con entusiasmo y que si necesito un buen concejo, ella estará ahí y me alentará con todo la complicidad posible. De mi padre, que si quieres hacer sentir a una niña de seis años segura, debes acobijarla en las noches y quedarte ahí hasta que se duerma; también aprendí que si quiero encontrar apoyo y gente con quien compartir mis ideas, incluso las que parecen más alocadas, mis amigos siempre estarán ahí para reír cuando sea necesario y llorar cuando la ocasión lo amerite, que con ellos puedo ser un poco inmadura si quiero, y todo seguirá estando bien, que aunque los amigos que tengo los puedo contar con los dedos de una mano y me sobran dedos, no necesito un millón de amigos para ser feliz, la cantidad nunca supera la calidad. Aprendí en muchas ocasiones, que la ausencia de personas a mi alrededor me ha hecho bien, porque me ha llevado a conocer mi interior y el estar a solas conmigo misma me ha llevado y enseñado a ser mejor persona cuando estoy acompañada, que los ruidos en ocasiones distraen pero el silencio te grita quién eres en realidad.

Del amor, que la única forma de gozarlo plenamente es mostrándome como soy con todas mis facetas, con mis buenas caras y las malas también. Aprendí que puede haber sexo sin amor y amor sin sexo y que la más dulce y tierna caricia se da con los ojos abiertos y se recibe con los ojos cerrados. Aprendí a reír a carcajadas y a llorar devastada de ser necesario, también a no disimular mis estornudos, a estornudar con fuerza y que cuando estornudo sin disimular, la sensación de seguir sollozando se me quita por completo. Que nunca podré esconder mis emociones por más que lo intente, y que eso me da autenticidad. Que lo que pasó ayer me preparó para el hoy y que el día de hoy me está preparando para mañana, que los principios y las convicciones no son negociables. Que no soy ni mejor ni peor que nadie, sino simplemente la mejor versión de mi misma, con mis aciertos y desaciertos y que, en los momentos más difíciles, siempre hubo alguien extendiéndome la mano para con ella hacerme subir un escalón más, que ese alguien tiene muchos nombres como: Señor, Príncipe de paz, Jehová o Dios y que de todos sus nombres mis preferidos son los de padre y amigo. Aun me falta mucho por vivir, pero si sigo creyendo en el como una niña, su gloria nunca se apartará de mí, y más temprano que tarde, hará llover sus bendiciones y me seguirá mostrando lo que me resta por sonreir y andar.

martes, 11 de noviembre de 2014

El cielo es el límite

  El decidir lanzarse sin paracaídas para explorar el mundo de posibilidades que se abre cuando nos adentramos en lo desconocido, descubriendo que cuando decides tirarte sin seguro, el riesgo es total. Porque o aprendes a volar, o caes y mueres. Cuando éstas son las opciones que te acompañan, aprendes a extender las alas a tiempo y fuera de tiempo, es justo ahí cuando te das cuenta de que el cielo es el límite, y que los sueños de un hombre deben ser tan altos como se pueda. Cuando el sentido común te diga que le apuestes a lo seguro, piénsatelo dos veces, porque puede ser que lo seguro, con el pasar del tiempo, se convierta en una cárcel. No vaya a ser que el riesgo de lo que implica lo inseguro, lo incierto, lo que “podría” pasar, tan solo si te atrevieras, sea tu boleto hacia una vida plena. Lo desconocido, los riesgos, el emprender algo nuevo sin saber lo que sucederá, o qué es lo que nos depara el camino, es lo que nos hace sentir vivos. ¿Lo seguro? Suele ser una cárcel en la que nunca se descubre lo grandioso que es vivir a plenitud. Lo peor que nos puede pasar en la vida, es no volar por el simple hecho de que decidimos cortarnos las alas, por voluntad propia.

Lugar, hora y gente adecuada

Estar en el lugar correcto y a la hora indicada para así encontrarse con la oportunidad esperada, no es cuestión de suerte. No se trata de ir por la vida y si tenemos suerte nos irá bien. Probablemente has escuchado muchas historias de personas que por estar en el lugar correcto y a la hora indicada, obtuvieron la oportunidad que estaban esperando o incluso mejor de lo que imaginaron. Pero más que mera "suerte" esto es el resultado de hacer las cosas bien, de luchar y levantarse todos los días con ganas de triunfar, y más que tener intenciones, es cuestión de acciones. Es decir, si yo quiero sembrar manzanas simplemente voy al campo o a donde tengo unas cuantas hectáreas y antes de poner las semillas tengo que limpiar la tierra, si hay maleza o cualquier yerba que pueda entorpecer el buen crecimiento de mi sembradío, debo arrancarlas, después de limpiar la tierra, me toca abonarla y elegir las mejores semillas para que las plantas que vengan sean grandes y frondosas, luego de elegir las semillas, es hora de sembrarlas, regarlas todos los días, no permitir que ninguna maleza las dañe impidiendo su crecimiento. En fin, cuidarlas hasta que den frutos y esperar el momento perfecto en que estos frutos estén maduros para así disfrutar de su delicioso sabor. Y todo esto será posible gracias al esfuerzo de limpiar, plantar y cuidar, del mismo modo tenemos que cuidar nuestros sueños. Lo primero que debemos tener en cuenta es: Saber qué queremos, cómo lo queremos y en dónde lo queremos. Luego viene la parte de limpiar, la cual consiste en eliminar lo que sabemos que entorpece nuestro camino: la pereza, la indisciplina, la gente negativa o tóxica. Siendo realistas, pero sin llegar a ser pesimistas, después nos toca empezar a trabajar dando pequeños pasos todos los días en pro de lo que anhelamos y viviendo un día a la vez. Puede que en ciertos momentos sintamos que estamos subiendo una montaña donde la cima esta un tanto alta, es ahí cuando más tenemos que creer y seguir luchando, porque justo es cuando la semilla empieza a germinar, luchando por brotar de la tierra y hacerse ver. Hasta que un día gracias a la fe, paciencia y esfuerzo empleado, veremos el éxito es nuestro inequívoco destino, ya que la constancia es la que nos hace llegar a la meta creando las conexiones necesarias para que una cosa lleve a la otra y así sucesivamente. La vida siempre es un constante cambio, esto es lo que la hace compleja, diferente y divertida, estos cambios y situaciones incómodas, son las que nos entrenan para los retos que vendrán más adelante. Por eso, cada reto será una nueva experiencia que exigirá más de nosotros y esta es la mejor muestra de que estamos avanzando.


Ésto hará que estemos en el lugar correcto, a la hora indicada y con las personas adecuadas.



El poder de una desicion.

  Son muchas las cosas de las que nos perdemos por no perdonar, atamos a las personas y coleccionamos rencores en el alma que van empequeñeciendo nuestro ser, hasta volvernos cada día más pobres de espíritu. Si tan solo diéramos ese paso, dejando el orgullo a un lado, nuestra vida empezaría a ser diferente. Porque cuando perdonamos, soltamos vidas, y al soltar otras vidas, la nuestra queda libre para emprender un nuevo vuelo, por eso: Perdonar, más que un sentimiento, es una decisión, es un paso de fe que debemos dar si queremos ser felices. Nos daremos cuenta que el perdón se consumó cuando veamos feliz al que por alguna razón nos hirió o cuando pensemos en él o en ella y no sintamos sentimientos de rechazo, molestia o ira. Será entonces cuando iremos por un camino con muchas cosas buenas por vivir, por contar y sentir.

Detente un momento

  Corremos de un lado para el otro sin detenernos a preguntar a dónde vamos, qué es lo que está esperando por nosotros, a qué puerto debemos dirigirnos para así pasar la noche seguros. Hay gente que no tiene un punto fijo a donde llegar y se pasan toda la vida vagando sin rumbo, el querer vivirlo todo y no perderse de nada los volvió frívolos e incapaces de ser consecuentes con el entorno que los rodea, pero no quieren detenerse porque hacerlo sería ir en contra de lo que han aprendido y el -“¡no debes quedarte atrás!”- lo han escuchado desde niños y desde ese momento piensan que el mundo va muy rápido y más vale que sean veloces si es que quieren llegar a triunfar; pero realmente lo que están obviando es que la tierra sigue teniendo 365 días al año y un día sigue teniendo 24 horas, el planeta no va demasiado rápido... Somos nosotros los que vamos muy rápido. Aceleramos tanto todo que nuestra salud paga las consecuencias padeciendo cada vez más enfermedades. Nos preguntamos constantemente cómo hacer para subir al siguiente nivel, lo que no está mal, pero debe ir de la mano con otras preguntas que por lo general solemos obviar, como por ejemplo: ¿es este el camino que me llevará a ser feliz? y más importante aún, ¿será que por pensar tanto en el futuro me estoy perdiendo del presente? (que es lo único que realmente tenemos seguro). Si no es así, hay cosas que tienes que replantearte de nuevo. La felicidad es la elección de disfrutar el hoy y más que un sentimiento es cuestión de actitud. No puedes permitir que el proceso sea tan exigente que lo único que te genere sea estrés, porque el daño que le harás a tu salud es irreparable, hoy por hoy, el stress es la principal causa de muerte, y está detrás de todas las grandes patologías, como los infartos, el cáncer o la esclerosis. Más que todo, el estrés es una reserva de energía de la que podemos echar mano en situaciones límites pero que tiene un coste que se paga caro. También debemos preguntarnos, por los pasos que damos y lo que se refleja en nuestra mente: ¿es el lugar a donde mi dirijo, en el que realmente quiero vivir? o ¿será que lo que hago responde más al hecho de querer demostrarle a los demás que se equivocaron? y ¿qué si puedo llegare a donde quiero?. También, lo que hago, ¿lo hago para complacer a quienes me criaron y esperan esto de mí? Porque si es así, no estás haciendo lo que te hace feliz a ti. Lo más importante no es demostrarle a los demás que pudiste y que nadie podrá contigo, lo más importante es que tu ser interior tenga paz y los pasos que des sean firmes. Sabiendo que aunque la mayoría de las personas en este mundo van muy rápido, tú vas a tu propio ritmo, que no tiene nada que ver con ir más rápido o lento que nadie, sino al paso que puedas andar, lo cual te permitirá sentir la tranquilidad de que lo estás haciendo bien y que un nuevo día es una nueva oportunidad que la vida nos da para que hagamos la diferencia.