Vida que te escurres, que te vas. Que pasas tan inadvertida, de una manera casi imperceptible comienzas siendo inocente, con sueños, esperanzas e ilusiones... Luego te conviertes en deseos y de a poco eres una realidad. Me pregunto, ¿cuándo cambiaste tanto? ¿Cuándo la ilusión pasó a ser un deseo y aquellos momentos en los que sentía tocar el cielo, pasaron a ser sólo un recuerdo?. Tú sólo pasas, eres como un suspiro que podría compararse con un abrir y cerrar de ojos. Cerramos los ojos y eres risas, sueños e ilusiones y al abrirlos te conviertes en realidades, con verdades dichas a medias, ¡pasaste tan rápido!... Tanto, que me perdí lo mejor de ti. Podría compararte con las estrellas fugaces que sólo pasan por un instante y después se desvanecen dejando de existir. En eso te me has convertido. ¡Oh, qué no diera por regresar el tiempo y reír más!, contemplar puestas de sol y disfrutar de esos pequeños detalles hermosos que me ofrecías, ¡qué no diera por decir todo aquello que callé por miedo!. Hay cosas que podemos ensayar hasta que salen perfectas; pero tú, tú no permites ensayos... Porque o vivimos y disfrutamos lo que tenemos, o nos pasas y nos quedamos atrás. Ya no puedo retroceder, esa niña risueña para la que los imposibles no existían; seguirá estando en mi interior, recordándome lo que resta por vivir. Sólo me queda disfrutar lo que me das hoy y vivirlo al máximo como si fuera el último día y así no quedarme pensando en lo que pudo haber sido y no fue.

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