domingo, 7 de diciembre de 2014

Una obra que no permite ensayos

Vida que te escurres, que te vas. Que pasas tan inadvertida, de una manera casi imperceptible comienzas siendo inocente, con sueños, esperanzas e ilusiones... Luego te conviertes en deseos y de a poco eres una realidad. Me pregunto, ¿cuándo cambiaste tanto? ¿Cuándo la ilusión pasó a ser un deseo y aquellos momentos en los que sentía tocar el cielo, pasaron a ser sólo un recuerdo?. Tú sólo pasas, eres como un suspiro que podría compararse con un abrir y cerrar de ojos. Cerramos los ojos y eres risas, sueños e ilusiones y al abrirlos te conviertes en realidades, con verdades dichas a medias, ¡pasaste tan rápido!... Tanto, que me perdí lo mejor de ti. Podría compararte con las estrellas fugaces que sólo pasan por un instante y después se desvanecen dejando de existir. En eso te me has convertido. ¡Oh, qué no diera por regresar el tiempo y reír más!, contemplar puestas de sol y disfrutar de esos pequeños detalles hermosos que me ofrecías, ¡qué no diera por decir todo aquello que callé por miedo!. Hay cosas que podemos ensayar hasta que salen perfectas; pero tú, tú no permites ensayos... Porque o vivimos y disfrutamos lo que tenemos, o nos pasas y nos quedamos atrás. Ya no puedo retroceder, esa niña risueña para la que los imposibles no existían; seguirá estando en mi interior, recordándome lo que resta por vivir. Sólo me queda disfrutar lo que me das hoy y vivirlo al máximo como si fuera el último día y así no quedarme pensando en lo que pudo haber sido y no fue.

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