Empecé siendo
un diminuto capullo, consumí todo lo que sabía que me haría crecer, cuando
logré salir, mi apariencia pasaba desapercibida, los que me veían, solo podían optar
entre ignorarme o matarme. A pesar de haber consumido todo lo que necesitaba
para ser fuerte y hermosa. ¡era tan indefensa!... pero el tiempo se
encargó de mudar mi piel. Fue un proceso doloroso, por un momento sentí que
estaba muriendo, hasta que entendí que de eso se trataba, morir era necesario
si quería volver a nacer y fue justo en ese momento en el que el cambio más
doloroso ocurrió, solté el tan ajustado caparazón que me impedía mostrarme en
mi estado original, y con una fuerza que nunca creí tener, hice que mis alas se
extendieran y tuvieran fuerzas para volar, me mostré en todo mi esplendor,
tanto, que nadie pudo reconocerme. Cuando avancé, miré todo lo que había dejado
atrás y me sentí feliz porque sabía que un nuevo ciclo esperaba por mi.

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